"La estupidez real siempre vence a la inteligencia artificial" - Terry Pratchett.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

SOLARIS (2002)


 “No soy la persona que recuerdo. O, al menos, no estoy segura de serlo. Quiero decir, recuerdo cosas, pero no recuerdo haber estado allí. No recuerdo haber sentido aquellas cosas.”

¿Qué es Solaris? ¿O quizá debería decir quién? ¿Quién es Solaris?
La película de “Solaris” del año 2002 es una adaptación cinematográfica de la novela de ciencia ficción de Stanislaw Lem (1961), dirigida por Steven Soderbergh y protagonizada por George Clooney. No conforme con contar una historia de amor y ciencia ficción, “Solaris” entra directamente en cuestiones filosóficas que nos llevan a plantearnos todo tipo de preguntas durante la película. ¿Qué nos hace humanos? ¿Son nuestros recuerdos? ¿Nuestras emociones? ¿Qué nos hace amar? Y, ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar por ello?
Solaris, un planeta puesto en el punto de mira por su posible potencial como fuente de energía, está siendo investigado por un grupo de científicos entre los que se encuentran Gibarian, la doctora Gibson y Snow, al que pronto se unirá Kelvin después de que Gibarian le mande un mensaje a la Tierra solicitando su presencia. Una vez en la estación, el doctor Kelvin descubrirá que en la nave suceden cosas difíciles de explicar, desde el momento en el que se entera del suicidio de Gibarian hasta que su propia mujer, fallecida en la tierra, despierta junto
a él en su cama.
Durante el desarrollo de la película, Solaris se presenta como una alegoría de Dios, haciendo referencias directas al debate sobre la inteligencia y capacidad del mismo entre los flashbacks de la vida de Kelvin y Rheya. En estos recuerdos se enfrenta el punto de vista frío y racional de Kelvin, defendiendo que la idea de dios no es más que un invento del hombre, a quien adjudicamos límites humanos. Atribuimos características humanas a algo que no lo es. “Dado todo elemento del universo conocido y un tiempo apropiado, nuestra existencia es inevitable. Somos simplemente una probabilidad matemática”. Rheya, sin embargo, defiende la idea de una inteligencia superior, y de la diferenciación del ser humano con respecto a los demás seres por tener consciencia de su propia mortalidad. Como apunta Gibarian al aparecerse a Kelvin, en esta película no hay respuestas, sólo opciones. La ambigüedad está presente desde el primer segundo hasta el último.
 La presencia más destacada de inteligencia artificial  en la película son los visitantes. Se hace una referencia también a las capacidades de la nave, pero no hay ninguna muestra de ello. Los visitantes son seres de apariencia humana, autónomos, inteligentes y conscientes de sí mismos. La única diferencia aparente con los seres humanos es su composición, dado que no se trata de seres atómicos. Sin embargo, si nos fijamos en sus comportamientos y el desarrollo de sus personalidades, sobre todo de Rheya, nos damos cuenta de que los visitantes son creados artificialmente por Solaris en base a los recuerdos que tenemos de ellos. Es decir, no son las personas que recordamos, sino cómo las recordamos. Carecen de emociones en sus recuerdos. Y, sin embargo, una vez creados, evolucionan como si fueran personas reales, cuestionando sus propios recuerdos, sus pensamientos, lo que en un principio fueron sus convicciones, siendo conscientes de sus limitaciones y tomando sus propias decisiones. Irónicamente, tras la referencia a la consciencia de la mortalidad de los humanos, los visitantes son seres conscientes de su propia inmortalidad.
Llega un momento de la película en que los tripulantes de la nave se plantean volver a la tierra y llevarse a los visitantes consigo, pero entonces entran en el juego las implicaciones éticas y morales de la existencia de inteligencias así. ¿Qué pasaría si este fenómeno comenzase a suceder en la tierra? La aparición espontánea de seres prácticamente humanos, inmortales, capaces de sentir y de hacernos sentir incluso amor, al principio satisfaciendo los mayores anhelos de nuestros corazones y luego, ¿luego qué? ¿Serán capaces de reproducirse? ¿Y de envejecer? ¿Y si nunca mueren ni desaparecen? El riesgo es demasiado alto.
Tras tomar una decisión al respecto se plantea una cuestión aún mayor, ¿será posible destruirlos? Y, de ser así, ¿se considera asesinato? En cualquier caso, parece un mal menor, ya que es la decisión final que toma el equipo y, al menos en el caso de Rheya, es bajo su consentimiento y en contra de la voluntad de Kelvin. De hecho, Kelvin finalmente no es capaz de volver a la Tierra con todo el peso de su conciencia y sin ella, y decide quedarse en Solaris, donde poder vivir en lo que aparentemente es una ilusión de su propio mundo creado para ellos.
¿A qué podría llegar nuestra tecnología hoy en día? Estamos bastante lejos de la reproducción de un ser humano. Sin embargo, hoy en día ya hay algunos avances sorprendentes. En lo referente a la vida artificial, la biología sintética ha sido capaz de llegar a sintetizar artificialmente el genoma de una bacteria y varios virus en los últimos 6 años, llegando a reproducir un cromosoma completo funcional de un organismo superior en 2014. En cuanto a la manipulación de los recuerdos, pese a que no somos capaces de leer y reproducir recuerdos humanos, sí somos conscientes de que participamos en un proceso de alteración y generación de recuerdos constante, y que podríamos comprenderlo e incluso intervenir en él en poco tiempo. Por último, en lo referente a la inmortalidad, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de la Defensa inició hace 5 años la búsqueda de un biodiseño capaz de eliminar la “aleatoriedad de avance evolutivo natural”,  creando mediante biotecnología células reforzadas capaces de vivir indefinidamente.  ¿Increíble, no? ¿Qué nos deparará el futuro? Una cosa está clara, nuestro potencial es infinito.

“Es el sueño de toda marioneta, ser humano.”

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