“No soy la persona que recuerdo. O, al menos, no estoy segura
de serlo. Quiero decir, recuerdo cosas, pero no recuerdo haber estado allí. No
recuerdo haber sentido aquellas cosas.”
¿Qué es
Solaris? ¿O quizá debería decir quién? ¿Quién es Solaris?
La película de
“Solaris” del año 2002 es una adaptación cinematográfica de la novela de ciencia
ficción de Stanislaw Lem (1961), dirigida por Steven Soderbergh y protagonizada
por George Clooney. No conforme con contar una historia de amor y ciencia
ficción, “Solaris” entra directamente en cuestiones filosóficas que nos llevan
a plantearnos todo tipo de preguntas durante la película. ¿Qué nos hace
humanos? ¿Son nuestros recuerdos? ¿Nuestras emociones? ¿Qué nos hace amar? Y,
¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar por ello?
Solaris, un planeta
puesto en el punto de mira por su posible potencial como fuente de energía,
está siendo investigado por un grupo de científicos entre los que se encuentran
Gibarian, la doctora Gibson y Snow, al que pronto se unirá Kelvin después de
que Gibarian le mande un mensaje a la Tierra solicitando su presencia. Una vez
en la estación, el doctor Kelvin descubrirá que en la nave suceden cosas
difíciles de explicar, desde el momento en el que se entera del suicidio de
Gibarian hasta que su propia mujer, fallecida en la tierra, despierta junto
a él en
su cama.
Durante el
desarrollo de la película, Solaris se presenta como una alegoría de Dios, haciendo referencias directas al debate sobre la
inteligencia y capacidad del mismo entre los flashbacks de la vida de Kelvin y Rheya. En estos recuerdos se
enfrenta el punto de vista frío y racional de Kelvin, defendiendo que la idea
de dios no es más que un invento del hombre, a quien adjudicamos límites
humanos. Atribuimos características humanas a algo que no lo es. “Dado todo elemento del universo conocido y
un tiempo apropiado, nuestra existencia es inevitable. Somos simplemente una
probabilidad matemática”. Rheya, sin embargo, defiende la idea de una
inteligencia superior, y de la diferenciación del ser humano con respecto a los
demás seres por tener consciencia de su propia mortalidad. Como apunta Gibarian
al aparecerse a Kelvin, en esta película no hay respuestas, sólo opciones. La
ambigüedad está presente desde el primer segundo hasta el último.
La presencia más destacada de inteligencia artificial en la película son los visitantes. Se
hace una referencia también a las capacidades de la nave, pero no hay ninguna
muestra de ello. Los visitantes son seres de apariencia humana, autónomos,
inteligentes y conscientes de sí mismos. La única diferencia aparente con los
seres humanos es su composición, dado que no se trata de seres atómicos. Sin
embargo, si nos fijamos en sus comportamientos y el desarrollo de sus
personalidades, sobre todo de Rheya, nos damos cuenta de que los visitantes son
creados artificialmente por Solaris en base a los recuerdos que tenemos de
ellos. Es decir, no son las personas que recordamos, sino cómo las recordamos.
Carecen de emociones en sus recuerdos. Y, sin embargo, una vez creados,
evolucionan como si fueran personas reales, cuestionando sus propios recuerdos,
sus pensamientos, lo que en un principio fueron sus convicciones, siendo
conscientes de sus limitaciones y tomando sus propias decisiones. Irónicamente,
tras la referencia a la consciencia de la mortalidad de los humanos, los
visitantes son seres conscientes de su propia inmortalidad.
Llega un momento de
la película en que los tripulantes de la nave se plantean volver a la tierra y
llevarse a los visitantes consigo, pero entonces entran en el juego las implicaciones éticas y morales de la
existencia de inteligencias así. ¿Qué pasaría si este fenómeno comenzase a
suceder en la tierra? La aparición espontánea de seres prácticamente humanos,
inmortales, capaces de sentir y de hacernos sentir incluso amor, al principio
satisfaciendo los mayores anhelos de nuestros corazones y luego, ¿luego qué?
¿Serán capaces de reproducirse? ¿Y de envejecer? ¿Y si nunca mueren ni
desaparecen? El riesgo es demasiado alto.
Tras tomar una
decisión al respecto se plantea una cuestión aún mayor, ¿será posible
destruirlos? Y, de ser así, ¿se considera asesinato? En cualquier caso, parece
un mal menor, ya que es la decisión final que toma el equipo y, al menos en el
caso de Rheya, es bajo su consentimiento y en contra de la voluntad de Kelvin.
De hecho, Kelvin finalmente no es capaz de volver a la Tierra con todo el peso
de su conciencia y sin ella, y decide quedarse en Solaris, donde poder vivir en
lo que aparentemente es una ilusión de su propio mundo creado para ellos.
“Es el sueño de toda marioneta, ser humano.”



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